
Hay dos clases de tiempo;
Está el tiempo de las nubes, el arcoiris y el granizo. Ese que te moja el pelo, te hace temblar y te pone la nariz roja. De el dependen las vacaciones, las escapadas y las excursiones. Últimamente parece que le hemos contagiado nuestra locura: sube y baja sus grados sin ton ni són. Hay días de niebla y días de invierno que son primavera. Es causa y efecto de los abrigos, las bufandas y las colchas de pluma.
Luego está el otro tipo, el que es caro de verdad: el tiempo parece haberse aburrido desde que tú no lo tienes en cuenta. Hizo caso omiso y se fue, dejándote sin él. Ahora que ya no lo tienes, empiezas a preguntarte por qué te ha abandonado. Caes en la cuenta de que muchas veces no le diste la importancia que se merecía. Otras en cambio, le diste demasiada prioridad. El tiempo parece haberse enfadado mucho desde que la gente lo intenta matar o simplemente lo pierde. Sinceramente, tendrás muchas cosas en las que pensar, pero el sólo se ha cansado de ser futuro, pasado y presente.
Piensas en cual de los dos es mejor, y simplemente te das cuenta de que para tí ambos son indispensables. Los necesitas bastante para vivir, que no te encadenen: hay quién está realmente empeñado en no perderlo, y no cae en la cuenta de que se escapa mientras no hacen nada. Inevitablemente, se irá de todas formas, así que vive el presente, porque el pasado se fué y el futuro no ha llegado: carpe diem.
Piensas en cual de los dos es mejor, y simplemente te das cuenta de que para tí ambos son indispensables. Los necesitas bastante para vivir, que no te encadenen: hay quién está realmente empeñado en no perderlo, y no cae en la cuenta de que se escapa mientras no hacen nada. Inevitablemente, se irá de todas formas, así que vive el presente, porque el pasado se fué y el futuro no ha llegado: carpe diem.
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