lunes, 24 de enero de 2011

La Muerte me pide un beso.


Cuando la Muerte llegó al pequeño hogar, ya se tenía conciencia de su venida. Así que se acercó a la pequeña y deteriorada cama y observó con detenimiento la figura que se hallaba envuelta entre las raídas mantas. Por primera vez en la historia se sorprendió: no era para nada lo que esperaba encontrarse. Una mujer menuda, de ojos iluminados por la ilusión y una cara que, a pesar de ser pálida, relucía bajo la pequeña ventana. En ambos lados de la cara, comenzaba a mostrarse un pequeño rubor. Eso era todo lo que quedaba de aquella sonrisa. En fin. No se tenía que conmover, pues era la Muerte y se había llevado consigo a padres, ancianos y también a niños y a pobres y a ricos... no hacía distinciones con nadie. De este modo, disipando todos esos pensamientos, procedió a hacer lo que siempre había hecho. Pero más aún se asombró cuando aquellos labios de ese rostro tan particular se movieron de forma extraña, casi inusual y con dificultad susurraron:
-Cuanto has tardado... llevo mucho tiempo esperandote -y esbozo una gran sonrisa, grande de verdad- Sé que tengo que irme ahora, pero antes quiero hacer una cosa... serán unos pocos segundos , que no significarán nada para alguien que tiene todo el tiempo del mundo...

Y así, imaginó muchas cosas: imaginó que salia volando por la ventana y se posaba en la hierba verde, pensó en su primer recuerdo, en los días jugando bajo la lluvia manchada de barro, las vacaciones en la playa, su graduación, la primera vez que le vio, la primera vez que se encontraron sus ojos, el primer beso, su boda y su primera noche juntos, Cuando nacieron los pequeños niños, y luego sus nietos... Lo cierto es que hacía ya tiempo que el se había ido y como prometió que no tardarían mucho en encontrarse pensó que ya había pensado bastante y cerró los ojos y se dejó ir.

No hay comentarios:

Publicar un comentario